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"¡Eureka!" exclamó Arquímedes cuando descubrió el famoso principio físico que lleva su nombre. Fue una exclamación de satisfacción y alegría por haber resuelto un problema difícil con un acto puramente creativo. En nuestra sociedad, creatividad y arte son dos palabras que se consideran estrechamente relacionadas. De hecho, las numerosas personas que dominan una técnica artística también se consideran más creativas. ¿Pero qué áreas del cerebro intervienen en estos procesos?
En la mayoría de las personas, el proceso de información relacionado con material lingüístico tiene lugar en el hemisferio izquierdo, mientras que el material espacial se procesa en el hemisferio derecho. Así, el hemisferio izquierdo procesa datos consecutivos y lineales, mientras el derecho procesa datos perceptivos y globales. Además del discurso, el hemisferio izquierdo es el encargado de la lectura, la escritura, los análisis lógicos, la aritmética y la matemática, y también del reconocimiento y la reproducción de símbolos y de la creación de la memoria. En pocas palabras, es el encargado de la dimensión lingüístico-lógica. Por otro lado, el hemisferio derecho se utiliza para actividades artísticas y musicales, las relaciones espaciales, el reconocimiento de caras, la visualización general, y para relacionar material nuevo y viejo y recuperar recuerdos. Es decir, está conectado a los aspectos espaciales y globales de la información.
En cierta forma, los dos hemisferios están en competición. Dado que nuestra cultura tiende a favorecer el lenguaje y la lógica, el hemisferio izquierdo tiende a predominar sobre el derecho. Si se aprende a controlar esta tendencia, se puede acceder a actividades del cerebro moduladas por el hemisferio derecho que a menudo vive bajo la sombra del lenguaje. Esto quiere decir que se puede potenciar la creatividad. Para poder procesar información utilizando el hemisferio derecho del cerebro de una forma espacial y global, el cerebro necesita afrontar una tarea que las partes analíticas y verbales del hemisferio izquierdo rechazan, por decirlo de algún modo.
Un ejemplo sencillo de cómo el hemisferio izquierdo prevalece sobre el derecho podría ser un dibujo del natural. Si intentamos copiar el dibujo de una cara, notamos cómo nuestro conocimiento puede alterar nuestra habilidad a la hora de ver qué deberíamos copiar. La nariz no será la que tiene el modelo, sino nuestra idea de lo que es una nariz. Un truco para desactivar la información que proviene del hemisferio izquierdo sería colocar el dibujo que queremos copiar al revés. De esta forma el dibujo pierde su significado.
Como en nuestro cerebro tienen lugar muchos cambios mientras vamos envejeciendo, cabría preguntarse si la creatividad se resiente de este proceso o si es inmune a él. En la historia ha habido algunos artistas que siguieron creando obras increíbles a una edad muy avanzada. En literatura, Sófocles escribió Edipo en Colono a la edad de 89 años, Goethe completó Fausto a los 80 y Victor Hugo escribió Los Miserables cuando tenía 60. En arte figurativa, Giotto diseñó la torre del campanario de la iglesia Santa Maria del Fiore de Florencia a los 66. Y Miguel Ángel pintó la Capilla Sixtina a la edad de 64 años y después culminó su arte con la cúpula de San Pedro y la Pietà Rondanini, que ahora se conserva en Milán. Leonardo comenzó La Gioconda a la edad de 50 años y siguió retocando el cuadro hasta el último día de sus 67 años de vida. Tiziano vivió hasta los 86 años y en el último período de su vida pintó con mayor facilidad y expresividad que nunca. Y también Goya y Monet encontraron nuevos modelos de expresión a una edad avanzada.
Tiepolo pintó los magníficos frescos del Palacio Real de Madrid a los 60, y Botero, después de cumplidos los 75, demostró tener energía y creatividad para pintar cada día durante ocho horas sin descanso, incluidos sábados y domingos. Verdi, que no aceptó bien la vejez, aunque contaba con una salud excelente, compuso algunas de sus óperas más importantes en esa etapa de su vida: Otelo cuando tenía 76 años y Falstaff a los 80. Acabó esta última en 1893 y en 1894 dedicaba entre 6 y 8 horas al día a dirigir los ensayos. Su condición moral y física impresionaron a los médicos. Buñuel ganó un Óscar por El discreto encanto de la burguesía a la edad de 72 años.
Todos estos ejemplos nos demuestran que la creatividad no solo puede permanecer activa a edades avanzadas, sino que además, puede llegar a alcanzar niveles superiores. Una buena estimulación de la creatividad es necesaria porque puede proteger al cerebro de la erosión que trae consigo el paso del tiempo. Principalmente puede proteger a la corteza prefrontal del cerebro, que funciona como centro de mando de la mente.
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